Debemos tener aspiraciones elevadas, expectativas moderadas y necesidades pequeñas.
En muchas ocasiones los padres proyectamos en nuestros hijos nuestras expectativas de vida, nuestras frustraciones, nuestros problemas sin resolver de la infancia o adolescencia, nuestros «si hubiera» y nuestras necesidades insatisfechas, esperando inconscientemente que ellos se conviertan en una extensión de nosotros mismos. ¿Qué expectativas tienen sobre sus hijos?

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